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miércoles, 10 de junio de 2009

Por cortesía del BNG

Si los candidatos en la noche electoral fueran sinceros e hicieran otra cosa que intentar convencernos de ser ganadores, en Galicia, Feijóo y Pachi Vázquez habrían dado las gracias públicamente al BNG por la gentileza de cederles sin combate o disputa todo el espacio electoral preciso para poder otorgar lustre a sus resultados haciendo nada. Si hubiera justicia en la política, habrían llamado a Rodríguez, el longevo líder del BNG y de la UPG, para decirle de corazón: "Gracias Paco".

Los populares gallegos se jactan de un espectacular crecimiento porcentual de tres puntos, que se traduce en el astronómico montante de 2.733 votos más que hace cinco años y 200.000 menos que en marzo. No crecen tanto los votos como el impacto porcentual del derrumbe nacionalista. Otro porcentaje tan llamativo como irrelevante lo aporta que el PSOE ha recortado en un punto la diferencia del 1-M. Otro "gran éxito" expresado en la pérdida de 45.000 papeletas en europeas y el doble en las gallegas.

Feijóo ha mantenido sus resultados obteniendo un éxito meritorio pero relativo. No es mucho pedir a quién aún disfruta del crédito que da estrenar gobierno y carecer de rivales. Ninguno de sus oponentes pasa de estar en prácticas o de transición. Feijóo competía contra sí mismo y ha empatado. No ha logrado hacer buena pesca entre los 80.000 cedidos por sus rivales. Si no lo consigue ahora, con todo favor, algo tendrá que ver una acción de gobierno tan desconcertante casi siempre como misteriosa en ocasiones; en especial su acreditada capacidad para cabrear a una parte del país haciéndole luz de gas al gallego. Pachi Vázquez ha buscado refugio en la leyenda del voto urbano, obviando que los populares mantienen su estatus de primera fuerza. La proclamada recuperación de cinco puntos tiene causa de nuevo en la desinteresada contribución nacionalista. Los socialistas han perdido votos absolutos, sin atraer para su causa los apoyos en deserción desde el campo vecino.

Si quieren un ganador, busquen en el chiringo de Rosa Díez, progresando 10.000 sufragios desde el 1-M. Si quieren un perdedor, miren al BNG, que pierde la cuarta parte de sus votos en 2005 y el 60% de marzo. Con el agravante de que la mayoría se ha ido en las ciudades, donde está eso que Rodríguez o Beiras llaman el voto dinámico, no ese voto rural que con tanta frecuencia menosprecian. La decisión estratégica impulsada por la nueva dirección de girar más hacia la presunta izquierda, abandonar Galeusca y embarcarse con Esquerra para ir a buscar votos donde no hay, ha dejado más libre a socialistas y populares el espacio donde sí hay voto en Galicia: la izquierda y el nacionalismo moderados. Un bufé libre del cual sólo han sabido servirse estadísticamente. La decisión de preocuparse por intentar contentar a los electores perdidos en marzo, olvidándose por completo de atender a ese 16% de gallegos que dio su apoyo al proyecto de Quintana, ha traído caer por debajo de la barrera psicológica del 10%. Prescindir alegremente de su único activo electoral, el propio Quintana, sin disponer de recambio seguramente no habrá ayudado a contener la fuga masiva.

El nacionalismo afronta un serio peligro de encaminarse hacia la extinción o la irrelevancia electoral. Está en su mano. Los votantes se han quedado en casa, no se han ido con el cartero. Pero si la respuesta es la suministrada hasta ahora, se irán. Si el análisis continúa siendo que no se ha girado lo suficiente hacia la izquierda y por eso vuelve a ganar la derecha, o que por no haber virado dabondo hacia el soberanismo de salón ha ganado el neoespañolismo, el BNG caminará de victoria en victoria hasta la derrota final. Seguramente, esos electores se plantearían volver a casa, si la respuesta es jubilar a una clase dirigente convertida en el problema e iniciar la renovación ideológica hacia el nacionalismo posible que demandan y donde la mayoría no está fuera esperando a ser liberada o descubierta, sino que debe construirse por la vía del convencimiento, atendiendo sus demandas con políticas modernas y eficientes e integrando la compleja pluralidad de la sociedad que se aspira a gobernar.

Fuente: El País, 09.06.2009

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