CANAL DE PRÓXIMOS POLITÓLOGOS

Mostrando entradas con la etiqueta Marketing Político. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marketing Político. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2009

miércoles, 10 de junio de 2009

Por cortesía del BNG

Si los candidatos en la noche electoral fueran sinceros e hicieran otra cosa que intentar convencernos de ser ganadores, en Galicia, Feijóo y Pachi Vázquez habrían dado las gracias públicamente al BNG por la gentileza de cederles sin combate o disputa todo el espacio electoral preciso para poder otorgar lustre a sus resultados haciendo nada. Si hubiera justicia en la política, habrían llamado a Rodríguez, el longevo líder del BNG y de la UPG, para decirle de corazón: "Gracias Paco".

Los populares gallegos se jactan de un espectacular crecimiento porcentual de tres puntos, que se traduce en el astronómico montante de 2.733 votos más que hace cinco años y 200.000 menos que en marzo. No crecen tanto los votos como el impacto porcentual del derrumbe nacionalista. Otro porcentaje tan llamativo como irrelevante lo aporta que el PSOE ha recortado en un punto la diferencia del 1-M. Otro "gran éxito" expresado en la pérdida de 45.000 papeletas en europeas y el doble en las gallegas.

Feijóo ha mantenido sus resultados obteniendo un éxito meritorio pero relativo. No es mucho pedir a quién aún disfruta del crédito que da estrenar gobierno y carecer de rivales. Ninguno de sus oponentes pasa de estar en prácticas o de transición. Feijóo competía contra sí mismo y ha empatado. No ha logrado hacer buena pesca entre los 80.000 cedidos por sus rivales. Si no lo consigue ahora, con todo favor, algo tendrá que ver una acción de gobierno tan desconcertante casi siempre como misteriosa en ocasiones; en especial su acreditada capacidad para cabrear a una parte del país haciéndole luz de gas al gallego. Pachi Vázquez ha buscado refugio en la leyenda del voto urbano, obviando que los populares mantienen su estatus de primera fuerza. La proclamada recuperación de cinco puntos tiene causa de nuevo en la desinteresada contribución nacionalista. Los socialistas han perdido votos absolutos, sin atraer para su causa los apoyos en deserción desde el campo vecino.

Si quieren un ganador, busquen en el chiringo de Rosa Díez, progresando 10.000 sufragios desde el 1-M. Si quieren un perdedor, miren al BNG, que pierde la cuarta parte de sus votos en 2005 y el 60% de marzo. Con el agravante de que la mayoría se ha ido en las ciudades, donde está eso que Rodríguez o Beiras llaman el voto dinámico, no ese voto rural que con tanta frecuencia menosprecian. La decisión estratégica impulsada por la nueva dirección de girar más hacia la presunta izquierda, abandonar Galeusca y embarcarse con Esquerra para ir a buscar votos donde no hay, ha dejado más libre a socialistas y populares el espacio donde sí hay voto en Galicia: la izquierda y el nacionalismo moderados. Un bufé libre del cual sólo han sabido servirse estadísticamente. La decisión de preocuparse por intentar contentar a los electores perdidos en marzo, olvidándose por completo de atender a ese 16% de gallegos que dio su apoyo al proyecto de Quintana, ha traído caer por debajo de la barrera psicológica del 10%. Prescindir alegremente de su único activo electoral, el propio Quintana, sin disponer de recambio seguramente no habrá ayudado a contener la fuga masiva.

El nacionalismo afronta un serio peligro de encaminarse hacia la extinción o la irrelevancia electoral. Está en su mano. Los votantes se han quedado en casa, no se han ido con el cartero. Pero si la respuesta es la suministrada hasta ahora, se irán. Si el análisis continúa siendo que no se ha girado lo suficiente hacia la izquierda y por eso vuelve a ganar la derecha, o que por no haber virado dabondo hacia el soberanismo de salón ha ganado el neoespañolismo, el BNG caminará de victoria en victoria hasta la derrota final. Seguramente, esos electores se plantearían volver a casa, si la respuesta es jubilar a una clase dirigente convertida en el problema e iniciar la renovación ideológica hacia el nacionalismo posible que demandan y donde la mayoría no está fuera esperando a ser liberada o descubierta, sino que debe construirse por la vía del convencimiento, atendiendo sus demandas con políticas modernas y eficientes e integrando la compleja pluralidad de la sociedad que se aspira a gobernar.

Fuente: El País, 09.06.2009

martes, 9 de junio de 2009

viernes, 5 de junio de 2009

O Partido Popular repite o seu eslogan electoral

Xa o utilizara para as campañas electorais das xerais de 1982 e 1993.

Cartel electoral do Partido Popular as eleccions europeas do 7 de xuño de 2009.

Cartel electoral de Alianza Popular as eleccions xerais de 1982.


Cartel electoral do Partido Popular as eleccions electorais de 1993.






jueves, 4 de junio de 2009

Pepe Blanco en Buenafuente





miércoles, 3 de junio de 2009

miércoles, 27 de mayo de 2009

Eleccións Europeas 2009

martes, 26 de mayo de 2009

Propaganda electoral y publicidad comercial

Si en los primeros años de nuestra actual democracia nos hubieran preguntado a qué dábamos mayor credibilidad: a la propaganda electoral o a la publicidad comercial, es muy probable que la gran mayoría habría respondido que a la primera. La razón de tal preferencia era el sublime valor que se daba entonces a la acción política democrática en tanto que portadora de los intereses de la generalidad. Y en cierto modo también a la escasa credibilidad de la publicidad comercial ( charlatán significa todavía la persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía). Hoy tengo serias dudas de que la respuesta fuera la misma. Y no tanto -que sí- por lo mucho que ha mejorado la regulación de la publicidad comercial, sino por el imparable deterioro que viene sufriendo en los últimos tiempos la propaganda política.

Aunque es verdad que en la publicidad comercial suele predominar el aspecto persuasivo sobre el puramente informativo, también lo es que se trata de una actividad rígidamente regulada. Así se prohíbe, por ejemplo, la publicidad engañosa, que es aquella que por acción u omisión puede inducir a error al consumidor y hacerle tomar una decisión sobre una transacción que de otro modo no hubiera tomado. Y tampoco es lícita la publicidad denigratoria, que es aquella que provoca el descrédito, denigración o menosprecio de una persona o empresa o de sus productos o servicios.

Pues bien, sorprendentemente la propaganda política puede ser engañosa y denigratoria. Y es que en lugar de seguir un camino progresivo de rigor y seriedad, la propaganda electoral se ha convertido en un fiel reflejo de la mediocridad, vulgaridad y ausencia de ideales en que se desenvuelve la clase política de nuestros días. Lo cual puede obedecer a varias razones, pero entre ellas está la excesiva profesionalización de la actividad política.

Hasta tal punto es esto cierto que se puede afirmar que solamente los más crédulos y los menos formados de los ciudadanos pueden asegurar que hoy los partidos políticos -unos ciertamente más que otros- se mueven más en defensa del interés general que en el de sus intereses electorales. Por esto, entre los ciudadanos normalmente informados y razonablemente atentos y perspicaces son muy pocos los que creen que la propaganda electoral es veraz en el sentido de que no contiene información errónea para los votantes. Porque no son pocas las promesas que se hacen a sabiendas de que no se pueden cumplir, y las propuestas demagógicas que se sabe que no benefician el interés general.

Pero lo que no puede admitirse desde la perspectiva del interés general es que se utilice la propaganda electoral -financiada en parte con cargo a los Presupuestos Generales, que pagamos entre todos-, no para hacer las propias propuestas, sino para tratar de atemorizar (¿infantilmente?) a los ciudadanos con lo que se supone que piensan los adversarios políticos. El vídeo al que me refiero no es una pieza propagandística que favorezca la contienda política, sino que es democráticamente obstruccionista, y supone una falta de respeto a los ciudadanos y a su nivel de inteligencia.

Fuente: La Voz de Galicia, 24.05.2009

jueves, 5 de marzo de 2009

El fin de (algunos) mitos

A estas alturas y, a pesar de que en el mundo de la política hay pocas verdades absolutas, seguramente podrían manejarse un par de ellas con amplio margen de certeza: una, que los gallegos gustan poco de las aventuras –salvo, por supuesto, cuando hubieron de hacer las Américas como emigrantes, y aún así por necesidad vital–; y, segundo, que prefieren, puestos a elegir, el original a las copias. Y esta vez, respetando otras opiniones, optaron por un modo de gobernar que, con sus defectos, proporciona datos más concretos de con quién se juegan los cuartos. O, dicho de otro modo, que puestos los gobiernos a hacer política de derechas, es preferible, como quedó expuesto, el original a la copia.

Y es que la Xunta bipartita, que anunció el cambio, aunque tranquilo, en todas sus dimensiones, no fue capaz de practicarlo, por más que la propaganda insistió en lo contrario. Los ciudadanos conocieron contradicciones entre la prédica y la práctica que casaban mal con lo primero; y, aunque las sutilezas son difíciles de aprehender en los ejercicios electorales, alguien valoró mal el entrenamiento de los ciudadanos, que llevan treinta años aprendiendo y, ni comulgan ya con ruedas de molino, ni aceptan fácillmente que les den gato por liebre.Tiempo tendrán los analistas de las diferentes formaciones para obtener conclusiones y expender recetas, pero algo hay también que se hizo evidente ayer: la crisis económica ha pesado de forma extraordinaria en el cuerpo social y, en consecuencia, es más que probable que don José Blanco tuviera más razón que don Emilio Pérez Touriño cuando aconsejaba la fecha electoral el pasado verano. Y, desde luego, también la tuvo cuando rectificó, aunque casi en el último momento, la estrategia inicial y presidencialista, que desmovilizaba. Lo que pasa es que generó un “efecto simpatía” y le salió el tiro por la culata.

La mayor parte de quienes, casi a vuela pluma, examinan lo que ocurrió ayer insisten en que el factor económico ha pesado de un modo extraordinario, probablemente decisivo. Pero es posible que a la hora de la verdad deban considerar otros elementos, entre ellos los que quedan dichos. Y alguno más. Por ejemplo, que hace cuatro años una parte de la derecha –pequeña pero hoy significativa– se quedó en casa porque, aún siéndolo, no podía seguir votando a un candidato con demasiada edad y un curriculum excesivamente largo como era don Manuel Fraga.Y el punto y pico de aumento en participación quizá fueran ellos, y quizá ellos le dieran otra vez al PP lo que tenía.

Item más: otro de los mitos que se han quedado en la cuneta ha sido el del supuesto poder rural de la derecha y la pujanza de la izquierda en las ciudades grandes y medianas. Salvo las excepciones que siempre existen, el PP ha ganado en todas partes y, además, subiendo con respecto a cuatro años atrás. Y eso quiere decir, primero, que el PP es un partido no solamente interclasista, sino además ilustrado, o al menos todo lo ilustrado que se le supone al voto urbano con respecto a los otros.

Es verdad, probablemene, que haya caído a la vez otro mito en este día de marzo: el de la supuesta influencia decisiva de algunos poderes mediáticos a la hora de condicionar resultados y, además, la supuesta alineación de esos poderes con los otros, los fnancieros. Es cierto que en esta campaña algunos han jugado en favor de la guerrilla informativa, pero ni los principales, que estaban en el otro lado, ni los más poderosos en términos de audiencia o de difusión. Aquí, y durante casi cuatro años, el tópico de la conspiración mediático/conservadora se fue a hacer gárgaras, y alguien debería tomar muy buena nota.

Pero no todos los mitos han desaparecido del mapa. Algunos permanecen y lo harán por algún tiempo, salvo que quienes pueden eliminarlos se pongan a la tarea de inmediato. Especialmente el que establece la dificultad extrema, que puede ser imposibilidad, que existe en este país para los grandes acuerdos. El penúltiumo ejemplo que ilustra la afirmación ocurrió con el Estatuto reformado y, el último, con la posibilidad de entendimiento para buscar fórmulas autóctonas que permitan paliar la crisis con algún resultado.

Las elecciones de ayer, si se examinan bien, deberían motivar una honda reflexión sobre esto, pero habrá que ver las reacciones de los diversos estados mayores y sus ocupaciones en las próximas semanas. Cabe que, tras el mazazo, quienes llevan tiempo tascando el freno de la impaciencia en el BNG y el PSdeG pidan cuentas –y, además, sobre todo cabezas– en la más pura tradición cainita de una cierta política histórica de los partidos en Galicia. Pero ya se verá.

Hay aún otro mito pendiente de examen: el de que aquí sólo se puede gobernar a través de una mayoría absoluta, bien solitaria o con la suma de varios. Éste es quizá el mejor momento para plantear que eso es una anomalía, que debiera revisarse, que es absolutamente fundamental cambiar los esquemas que, hoy por hoy, impiden pactos que no sean de cajón y que, por tanto, limitan también las posibilidades de asumir problemas y resolverlos aportando el máximo de fuerzas posibles.

Y no habrá quizás que esperar demasiado para tener los primeros indicios. Mientras en Galicia el PP recuperaba el poder autonómico, en Euskadi el PSOE alcanzaba la aritmética que le permitiría romper la dinámica histórica y pactar la Presidencia con el PP para gobernar luego en coalición; es muy difícil, pero no pocos estarán reclamando esa opción ya a estas horas, sobre todo cuando Galicia y su bipartito han dejado de ser un obstáculo para ello.

Los observadores más clásicos suelen decir que sólo hay algo tan apasionante como unas elecciones, y es el par de días siguientes, al leer los análisis que se hacen, así como las semanas posteriores, para ver cómo se administran los resultados. En Galicia no habrá algo diferente, y seguramente se está en ello; es verdad que la mayoría absoluta del PP lo facilita, pero no sólo, porque hay otros factores que inciden y que incidirán en la salida a situaciones nada fáciles.

El presidente in pectore, don Alberto Núñez Feijóo, recordó el viernes que en esta legislatura el presidente Touriño le había llamado sólo dos veces para dialogar sobre problemas de los ciudadanos, y que él rompería esa dinámica. Añadió que, si ganaba, y cumplido un plazo razonable, su primer invitado en Monte Pío sería el jefe del ejecutivo saliente. Entenderá su señoría que haya muchos gallegos que se lo reclamen dentro de poco, entre otros motivos, porque ése será el mejor modo de ir haciendo, de verdad, el cambio que otros no supieron hacer.

Lo que sea, sonará, desde luego, pero conviene eliminar otro mito: el de que el tiempo lo cura todo y remedia bastante. Eso sería antes, cuando lo había. Hoy y mañana, cuando se conozcan las cifras del paro, se verá que ya no lo hay y que, por eso, el poco que queda es oro.

Javier Sánchez De Dios

Fuente: Faro de Vigo, 02.03.2009

martes, 3 de marzo de 2009

El voto tapado destapa a Feijóo


Si en México hay un candidato al que habitualmente se conoce por “el tapado”, aquí en Galicia los que se tapan ante las encuestas son los electores. Ahora acaban de destaparse con Feijoo, que obviamente era su candidato, aunque como de costumbre jugasen al despiste con los ingenuos sociólogos empeñados en adivinar sus preferencias.
Vuelve a quedar claro que los sondeos son de escasa utilidad con una población de suyo insondable como la gallega, que hace honor a su legendaria fama de ambigüedad al engañar elección tras elección a sus entrevistadores. Decían las encuestas que una alta participación favorecería a la izquierda, pero ya ven lo que pasa: el récord histórico de votantes –más de un 70 por ciento- ha coincidido precisamente con una mayoría absoluta de la derecha. Los sociólogos van a tener que revisar algunos de los lugares comunes que manejan sobre Galicia.
No es el único tópico que se viene abajo. A diferencia de lo que solía ocurrir no hace mucho, el triunfo de los conservadores se ha fraguado esta vez en las zonas urbanas y no en los tradicionales feudos agrarios del interior. Algo tendrá que ver con eso, seguramente, el rápido proceso de adaptación del partido conservador a los nuevos hábitos urbanos de la población gallega. Un dato acaso más meritorio de lo que parece si se tiene en cuenta que el “aggiornamento” del PP en Galicia –aun a pesar de las baltaradas y otras reminiscencias del pasado- lo llevó a cabo el nuevo líder desde la oposición y partiendo de una derrota a la que la derecha no estaba acostumbrada por aquí, tras quince años de mandato ininterrumpido.

Desmarcándose estratégicamente de la herencia de Don Manuel incluso en su significativo lema: “Empezamos”, Feijoo ha conseguido hacerse al primer asalto con la presidencia, salvo que los emigrantes de Ultramar enmienden la plana a los de este lado del océano dentro de siete días. Pero esa es una hipótesis no ya remota, sino del todo inverosímil.

Nadie –ni el propio Feijóo- hubiera apostado un céntimo por este resultado hace cinco o seis meses, cuando el entonces presidente Touriño tuvo la oportunidad de adelantar las elecciones y optó sin embargo por mantener una palabra que tal vez le haya costado el puesto.

Sin restarle mérito alguno a Feijóo, ese exceso de confianza rayano en la temeridad exhibido por Touriño bien pudiera ser una de las claves –si no la principal- de la victoria del candidato conservador. Si este ganó las elecciones, tampoco hay la menor duda de que los socialdemócratas y nacionalistas aliados en la Xunta hicieron también todo lo posible para perderlas. No sólo al errar en la fecha de convocatoria de las elecciones, claro está. Más grave aún que eso fue su incapacidad de hacer notar a la gente que durante estos tres y pico últimos años se produjese el cambio con el que habían llegado al poder como bandera. Y tampoco les favorecieron gran cosa los cambios de mobiliario y parque móvil, claramente percibidos –estos sí- por los electores a juzgar por el contundente resultado de ayer.

Se trata de una tradición muy ibérica, por otra parte. Sabido es que en España las elecciones no las gana partido alguno, sino que las pierde el Gobierno. La gente vota a la contra, para fastidiar o porque está irritada con los que mandan. Usa el voto como arma arrojadiza y todo sugiere que eso es precisamente lo que parece haber ocurrido ahora y aquí. El desencanto que traslucían los sondeos no sólo afectaba, por lo que se ve, a los votantes de izquierdas –que no se han quedado en casa-, sino también y sobre todo a esa enorme bolsa de un 30 por ciento de electores indecisos que a última hora resuelven a quién votar no tanto en función de la ideología como de la decepción. Y a la vista de los resultados, esa decepción era mucha.

Un votante enfadado tiene más peligro que un miura, como bien acaban de comprobar Touriño y Quintana al ser imparcialmente castigados por los electores con la pérdida de un diputado cada uno de ellos. Que esas derrotas se hayan producido justamente en A Coruña y Pontevedra -las dos provincias más urbanas e industrializadas de Galicia- ha de ser sin duda un motivo adicional de reflexión para los dos partidos tan duramente sancionados en las urnas durante el primer examen a que se sometía su gobierno. Y es que esta vez ni siquiera ha funcionado el tradicional trasvase de votos que se producía –en uno u otro sentido- entre las dos fuerzas representativas de la izquierda.

La historia parece repetirse. Al igual que ocurrió con el gobierno tripartito de Fernando González Laxe que en 1987 le abrió las puertas a la primera de las varias mayorías absolutas de Fraga, la primera Xunta de izquierdas electa en Galicia no ha podido superar la prueba de una sola legislatura. Parafraseando a Golda Meir, podría decirse que los socialdemócratas y los nacionalistas nunca pierden la oportunidad de dejar pasar una oportunidad. El electorado gallego que les dio su confianza hace cuatro años se la ha retirado ahora sin margen alguno para la duda.

Ahora es el destapado Feijóo quien deberá administrar la copiosa renta con la que ayer le alegraron el día sus votantes ocultos. Al final, va a resultar que somos una de esas democracias normalitas en las que los electores van poniendo y quitando gobiernos según su gusto. No como otras.


Ánxel Vence


Fuente: Faro de Vigo, 02.03.2009

viernes, 20 de febrero de 2009

Xoan Gato na pel da xente

jueves, 6 de noviembre de 2008

Le o Discurso do Presidente Obama (preme)

Ve o discurso en PROLOGOS TELEVISIÓN

Le o Discurso de John McCain (preme)

Ve o discurso en PROLOGOS TELEVISIÓN

Gañou o Yes We Can!

martes, 4 de noviembre de 2008

Obama e McCain votan


O DESENLACE

Los nuevos aires de Ségoléne Royal (2ª parte)

Cambio de rumbo
"El mitin de Ségolène marca un cambio de rumbo en su carrera", comenta un experto en la historia del Partido Socialista, agregando: "Ella, que fue el arquetipo de los jóvenes trepadores durante la era Mitterrand. Ella, que fue el modelo ideal de la burócrata socialista, utiliza ahora la técnica de los telepredicadores en la TV norteamericana. Imágenes sexy, nada de ideología. Y llamamiento al amor y la fraternidad universales".

La nueva Ségolène juega con varias barajas. Dentro del PS, su guardia pretoriana no ha perdido la esperanza de conquistar la dirección del partido. Fuera del partido, Ségolène ha creado una discreta pero eficaz maquinaria de guerra política que trabaja en tres frentes: dentro del PS, los hombres del Ségolène maniobran en busca de apoyos. Fuera del PS, Ségolène ha comenzado a buscar apoyos entre intelectuales, artistas, músicos, etc. Y, mucho más allá, entre la gente joven, el equipo de Ségolène está echando los cimientos de una nueva organización transversal...

La nueva imagen "sexy" y "fraternal" de Ségolène tiene la fuerza del marketing publicitario: una señora de buen ver que grita entusiasta "¡Amor, amor..!" deja por los suelos la imagen de los "elefantes" del PS (los socialistas históricos), con sus trajes, sus corbatas y sus discursos para militantes. Al mismo tiempo, es fuerza de nuevo cuño está coqueteando con el abismo: la Ségolène "gurú" y "predicadora" choca de manera brutal con las antiguas raíces del socialismo francés.

En la foto: La nueva Ségoléne Royal

sábado, 1 de noviembre de 2008

Los nuevos aires de Ségolène Royal (1ª parte)

La nueva imagen «sexy» y «fraternal» de Ségolène Royal ha caído como una bomba de fragmentación en la burocracia del PS, víctima de la crisis de identidad más grave desde la refundación del partido, en 1971. La candidata a la presidencia de la República, derrotada por Nicolas Sarkozy en 2007, ha comenzado a crear un «movimiento» que va «más allá» de las fronteras tradicionales del socialismo francés.


Y sus principales armas de ocupación del terreno político son su fotogenia, su cuerpo serrano, atizando a la opinión pública joven contra los militantes tradicionales. Sus rivales en la dirección del PS la acusan de haberse convertido en una «gurú», una «tele predicadora» que utiliza el marketing y su fotogenia para «conquistar su pastel del mercado político». Henri Emmanuelli, ex secretario general del socialismo francés, comenta el último mitin de Ségolène de este modo: «Tiene una visión política que solo se basa en el marketing, utiliza los mismos recursos de la publicidad comercial y está en los antípodas de la tradición socialista».


Ségolène, por su parte, ha cambiado de imagen y de estrategia. La antigua señora bien, vestida de Chanel, impecable, acompañada a toda hora de una peluquera de lujo, ha dejado paso a una señora que luce las caderas en pantalones ajustados, no duda en deslumbrar con su torso apenas cubierto con camisas de seda (sin sujetador), el pelo alborotado de una veinteañera y la terminología amorosa de la tradición hippie.


En su último mitin -«Unidos por la fraternidad»- la antigua candidata socialista a la presidencia de la República, la candidata inconfesable a la dirección del PS, no citó ni una sola vez la palabra socialismo. Y, entre canción y canción amorosa, atizaba a su público que tanto la quiere contra los militantes y «aparatchiks» de su partido. Cuando Royal gritaba «¡Os amo!» o «¡Amaos los unos a los otros..!», «¡Fraternidad!», el público respondía con abucheos para los militantes del PS.
En la foto: Ségoléne Royal antes del cambio de imagen.


 
Elegant de BlogMundi