Creo que han cometido un terrible error. En lugar de dejar caer a las compañías más deterioradas, les han dado más dinero y creo que esto es un paso en la dirección incorrecta. Sin duda, se trata de un terrible error económico y moral. Sé que la gente no se preocupa por la moralidad, pero, da lo mismo. En términos económicos las medidas de los políticos no funcionarán y por eso creo que vamos a ver más problemas.
La carrera alcista del endeudamiento del sector público plantea serias dudas sobre su sostenibilidad y, en consecuencia, preludia una crisis fiscal si no se actúa con rapidez. Esta es la consecuencia de la trayectoria explosiva de la deuda pública impulsada por la recesión y por la política del Gobierno. Ahora, el socialismo reinante quiere reducir el déficit. Este enfoque deprecia y/o ignora todo lo enseñado por la teoría económica y por una amplia evidencia empírica.
A diferencia de lo sostenido en los viejos modelos keynesianos, abanderados por el Gabinete del PSOE, no existe una relación automática entre las subidas impositivas y el incremento de la recaudación. Por añadidura, medidas de esa índole tienen grandes posibilidades de agudizar las fuerzas recesivas en curso, retrasar la recuperación y, por tanto, de elevar en vez de recortar los desequilibrios de las finanzas públicas. Vamos a ver por qué.
Las decisiones de consumo de las familias dependen del valor descontado presente de los flujos de ingresos que aquellas esperan percibir en el futuro, esto es, de su renta permanente. En este contexto, un alza de la fiscalidad destinada a persistir reduce ésta y, con ella, el gasto de los consumidores. En el caso español, la persistencia de una mayor carga tributaria es inevitable en tanto el cuanto el Gobierno se niega a recortar el gasto público. Esto lleva a la consolidación de una presión fiscal superior a la existente en la pre-crisis si se desea que el endeudamiento de las administraciones públicas no se dispare o, al menos, se estabilice alrededor de parámetros sostenibles. En esta tesitura, la respuesta de las familias a la elevación de su factura tributaria y a la caída de su renta permanente será disminuir su consumo.
Si esa es la respuesta de los hogares en un escenario "normal", el impacto contractivo de subir los impuestos tiene mucha mayor intensidad en una recesión. El recorte de la renta permanente producido por la elevación de la fiscalidad se superpondría a una situación en la que las familias experimentan un alto endeudamiento, su riqueza financiera e inmobiliaria está sometida a un proceso de ajuste a la baja de una dureza sin precedentes y sin expectativas cercanas de llegar a término y el fantasma del paro afecta cada vez a más españoles. En este entorno, el incremento de los impuestos hace impensable no ya una reactivación del consumo privado sino sugiere un descenso de éste mayor que el que se produciría sin una decisión de esa naturaleza.
En estos momentos, cualquier subida de los impuestos directos, indirectos o de ambos con la "benéfica" intención de yugular el déficit público es un error. Sólo contribuirá a empeorar las cosas. La idea, según la cual el aumento de la factura fiscal sería financiado por los "ricos", es pura demagogia y no tiene pase. Serán las clases medias que por cierto ya soportan una situación económico-financiera de tintes dramáticos las víctimas del vampiro gubernamental.
No vindeiro curso académico 2009/2010, o prazo para presentar a solicitude da Bolsa do Ministerio de Educación (convocatoria xeral e de mobilidade; convocatoria de colaboración) finalizará o 30 de setembro de 2009.
Os alumnos e as alumnas que desexen solicitar a bolsa terán que facelo nese prazo, aínda que se matriculen nunha data posterior.
El nuevo presidente de la Conferencia de Rectores Universitarios (CRUE), Federico Gutiérrez-Solana, opina sobre el Proceso de Bolonia:
"Bolonia es un cambio a mejor. Trata de adecuar los objetivos de la formación. ¿Qué queremos? ¿La investigación que desea el investigador o la que demanda la sociedad?". Plantea que la Universidad deje de ser coto privado a capricho de ciertos currículos y pase a ser útil. "Hay que bajarla del pedestal", dice. "Debemos vencer las barreras de quienes piensan que la investigación debe hacerse sin objetivos y quienes estamos convencidos de que debe orientarse a cuestiones prácticas con un fin".
Las primeras víctimas fiscales de la falta de fondos públicos son los fumadores y los conductores. Salgado anuncia el incremento de más tributos y 20.000 millones más de gasto.
El Gobierno empieza a subir los impuestos y sigue con su política creciente de gasto público. El Consejo de Ministros celebrado en medio de un puente festivo estuvo plagado de sorpresas.
La ministra Salgado, preguntada por si habrá subidas del IRPF o de otros impuestos, respondió que cuando se discuta la Ley de Presupuestos «vamos a pasar revista a muchas figuras, tanto del lado del gasto como del ingreso». La vicepresidenta reconoció la necesidad de tomar medidas fiscales para volver a la senda del plan de estabilidad. Este año el déficit público esperado por el Gobierno asciende ya al 9,5% del PIB.
Hidrocarburos. La subida será de 2,9 céntimos por litro de combustible. Una vez que entre en vigor el real decreto, el impuesto que grava el gasóleo subirá el 10,4%; mientras que el de la gasolina sube un 7,2%. Esta subida llega cuando el petróleo inicia una nueva etapa alcista (ya ha superado los 70 euros por barril), en el periodo del año de mayor número de desplazamientos por carretera y aleja, de golpe, cualquier escenario deflacionario. El Gobierno deja fuera de esta subida los combustibles profesionales y los relacionados con la calefacción.
Tabaco. El Gobierno eleva el nivel mínimo de los impuestos especiales de 70 a 91,3 euros por cada mil cigarrillos y se mantiene el tipo proporcional en el 57%, pero se aumenta el tipo específico de 8,2 a 10,2 euros por cada mil cigarrillos. Salgado señaló que la «marca más vendida de tabaco» pasará de costar 3,10 euros por cajetilla a 3,29 euros. También se gravará la picadura de liar como producto sustitutivo de los cigarrillos, con un impuesto específico de 6 euros por kilogramo.
Si los candidatos en la noche electoral fueran sinceros e hicieran otra cosa que intentar convencernos de ser ganadores, en Galicia, Feijóo y Pachi Vázquez habrían dado las gracias públicamente al BNG por la gentileza de cederles sin combate o disputa todo el espacio electoral preciso para poder otorgar lustre a sus resultados haciendo nada. Si hubiera justicia en la política, habrían llamado a Rodríguez, el longevo líder del BNG y de la UPG, para decirle de corazón: "Gracias Paco".
Los populares gallegos se jactan de un espectacular crecimiento porcentual de tres puntos, que se traduce en el astronómico montante de 2.733 votos más que hace cinco años y 200.000 menos que en marzo. No crecen tanto los votos como el impacto porcentual del derrumbe nacionalista. Otro porcentaje tan llamativo como irrelevante lo aporta que el PSOE ha recortado en un punto la diferencia del 1-M. Otro "gran éxito" expresado en la pérdida de 45.000 papeletas en europeas y el doble en las gallegas.
Feijóo ha mantenido sus resultados obteniendo un éxito meritorio pero relativo. No es mucho pedir a quién aún disfruta del crédito que da estrenar gobierno y carecer de rivales. Ninguno de sus oponentes pasa de estar en prácticas o de transición. Feijóo competía contra sí mismo y ha empatado. No ha logrado hacer buena pesca entre los 80.000 cedidos por sus rivales. Si no lo consigue ahora, con todo favor, algo tendrá que ver una acción de gobierno tan desconcertante casi siempre como misteriosa en ocasiones; en especial su acreditada capacidad para cabrear a una parte del país haciéndole luz de gas al gallego. Pachi Vázquez ha buscado refugio en la leyenda del voto urbano, obviando que los populares mantienen su estatus de primera fuerza. La proclamada recuperación de cinco puntos tiene causa de nuevo en la desinteresada contribución nacionalista. Los socialistas han perdido votos absolutos, sin atraer para su causa los apoyos en deserción desde el campo vecino.
Si quieren un ganador, busquen en el chiringo de Rosa Díez, progresando 10.000 sufragios desde el 1-M. Si quieren un perdedor, miren al BNG, que pierde la cuarta parte de sus votos en 2005 y el 60% de marzo. Con el agravante de que la mayoría se ha ido en las ciudades, donde está eso que Rodríguez o Beiras llaman el voto dinámico, no ese voto rural que con tanta frecuencia menosprecian. La decisión estratégica impulsada por la nueva dirección de girar más hacia la presunta izquierda, abandonar Galeusca y embarcarse con Esquerra para ir a buscar votos donde no hay, ha dejado más libre a socialistas y populares el espacio donde sí hay voto en Galicia: la izquierda y el nacionalismo moderados. Un bufé libre del cual sólo han sabido servirse estadísticamente. La decisión de preocuparse por intentar contentar a los electores perdidos en marzo, olvidándose por completo de atender a ese 16% de gallegos que dio su apoyo al proyecto de Quintana, ha traído caer por debajo de la barrera psicológica del 10%. Prescindir alegremente de su único activo electoral, el propio Quintana, sin disponer de recambio seguramente no habrá ayudado a contener la fuga masiva.
El nacionalismo afronta un serio peligro de encaminarse hacia la extinción o la irrelevancia electoral. Está en su mano. Los votantes se han quedado en casa, no se han ido con el cartero. Pero si la respuesta es la suministrada hasta ahora, se irán. Si el análisis continúa siendo que no se ha girado lo suficiente hacia la izquierda y por eso vuelve a ganar la derecha, o que por no haber virado dabondo hacia el soberanismo de salón ha ganado el neoespañolismo, el BNG caminará de victoria en victoria hasta la derrota final. Seguramente, esos electores se plantearían volver a casa, si la respuesta es jubilar a una clase dirigente convertida en el problema e iniciar la renovación ideológica hacia el nacionalismo posible que demandan y donde la mayoría no está fuera esperando a ser liberada o descubierta, sino que debe construirse por la vía del convencimiento, atendiendo sus demandas con políticas modernas y eficientes e integrando la compleja pluralidad de la sociedad que se aspira a gobernar.